Año 1627. Sobre curaciones por artes mágicas

June 26th, 2008

 

            La enfermedad ha existido desde que el hombre habita nuestro mundo y pareja a ella han cohabitado las personas dedicadas a la sanación utilizando las artes mágicas. El arte de sanar se ha considerado como parte de la magia haciendo que el enfermo recupere la salud perdida.

            La curación con artes mágicas ha estado prohibida por la Iglesia Católica porque entendía que los ritos utilizados envolvían de alguna forma un culto al demonio.

            El monje benedictino Fr. Benito Jerónimo Feijoo en su libro “Teatro crítico universal” dice que “la práctica por sí misma, y prescindiendo del suceso que haya de tener, es ilícita, supersticiosa y torpe en alto grado; sobre que es verosímil, que si no en todos, en los más de sus ritos envuelve algún sacrílego culto del demonio”.

            El canon 24 del III Concilio Turonense, congregado a solicitud de Carlo Magno, decía que las “Encantaciones y Artes Mágicas nada sirven, ni pueden servir para curar hombres, ni brutos (animales) de alguna enfermedad; y que las ligaduras de hierbas, o huesos (instrumentos de la Magia, en que se pueden entender comprendidos los demás de la misma clase) a ningún mortal aprovechan para algún efecto”.

            Como no podía ser de otra forma en nuestra diócesis han existido personas que con acciones y “palabras supersticiosas” curaban enfermedades.  

            Corría el año de 1627 cuando se presentó una denuncia contra Antón Paredes vecino y regidor de la villa de Abla. Se denuncia porque es sabido en el pueblo “que tiene por costumbre con acciones y palabras supersticiosas curar muchachos y personas quebradas y lisiadas y hacer otras cosas en contra del uso y costumbre de Ntra. Santa Madre Iglesia”.

            Un testigo cuenta que Antón  de Paredes, “las noches de S. Juan, para curar los niños quebrados junta a cuatro personas que se llamen Juan, los pone formando una cruz junto a una zarza que abren a lo largo por medio y la divide al modo de un arco sin acabarla de quebrar ni por arriba ni por abajo y por medio del arco se hace pasar la criatura, que sólo lleva puestos unos calzones blancos, y cuando la pasa por el arco le dice a los Juanes que digan estas palabras: Juan, este niño te doy quebrado y lisiado; en nombre de Dios y del señor S. Juan devuélvemelo sano. Y diciendo estas palabras uno de los Juanes entra por el arco a la persona que se cura y el otro Juan la recibe y se la vuelve a dar al Juan que se la dio volviéndola a meter por el arco de la zarza formando alternativamente en las respuestas dos cruces. Luego juntan la zarza que habían abierto y la atan y dicen ciertas oraciones al tiempo que realizan algunas ceremonias” que la Iglesia católica reprueba.

            Según el testimonio de los que presenciaban las curaciones cuando sanaba el enfermo se cerraba la abertura de la zarza como si no se hubiera abierto y si no sanaba no se cerraba ni volvía a soldar la abertura de la zarza.

            Por  realizar estas acciones se consideraba que había incurrido en penas muy graves y “cometido delito” por el que se le debía condenar con las mayores y más graves penas.

            En el pueblo es sabido también que Antón Paredes “encomienda a los ganados y bestias de carga que se quedan en el campo de noche para que no se las coman los lobos diciendo para esto palabras ocultas que no son biensonantes”

 

                                                           Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Guadix

                                                           Autor: José Rivera Tubilla

HECHICERÍA EN EL GUADIX DE FINALES DEL S. XVI

June 14th, 2008

            La hechicería era la forma más simple de magia practicada en las sociedades antiguas. La hechicera, conocida desde la antigüedad clásica, realizaba su actividad de forma individual, recibía estipendio por su trabajo y era un personaje  fundamentalmente urbano. Para lograr sus fines, recurría a pociones, como la sangre menstrual o la orina, a fetiches como pelos, uñas, soga de un ahorcado, a animales como los sapos y a veces a las estampas de la Virgen, del Señor o de los santos. Sus ritos los acompañaba de palabras, gestos y actitudes.  Cada hechicera utilizaba los materiales que consideraba más adecuados para conseguir aquello que buscaba. Se les buscaba para conseguir el amor de alguien, para echar un maleficio y conseguir su muerte o para buscar la curación o sanación.

            Desde muy antiguo las supersticiones relacionadas con los sapos hicieron que las brujas y hechiceras los utilizaran tanto para sus maleficios como para remedios curativos cociéndolos y preparando pócimas y ungüentos. En este aspecto las hechiceras eran auténticas curanderas.

            Guadix no fue una ciudad que estuviera ajena a la hechicería como lo demuestra la acusación presentada en 1591 contra Isabel García, vecina de esta ciudad de la parroquia de Santiago. La acusan de ser hechicera y que para hacer los hechizos “andaba buscando sapos y escuerzos con intenciones diabólicas y supersticiosas”.

            Tras la acusación se inicia el proceso con la información aportada por testigos que conocieran algo sobre el tema y poder averiguar sobre la veracidad o falsedad de la acusación. Lo que saben los testigos es que la acusada  fue a la huerta de las monjas de Santiago de Guadix a pedirle a quien la labraba que “le cogiese un sapo o escuerzo y que le pagaría un real por él, que lo necesitaba para curar a una moza que estaba llena de calenturas, que le habían dicho los doctores que si no le causaba gran admiración a la muchacha con aquel sapo que no se le quitarían las calenturas”.

            Conocida esta información se ordena que ingrese en la cárcel pública, porque había sospechas de que Isabel pudiera ser una hechicera.

            El Fiscal solicita que el alcaide de la cárcel  “la tenga presa y a buen recaudo para que no pueda tener trato ni comunicación con nadie hasta que se le dé el tormento” necesario para que se declare culpable, sin embargo el abogado defensor pide la absolución de su defendida porque todos los testimonios se resumen en que la denunciada le pidió a quien labraba la huerta de las monjas de Santiago que le buscase un sapo y aunque fuera verdad que lo buscaba esto no prueba que fuera para hacer hechizos, porque el sapo no sólo sirve para hacerlos, “porque según los naturales dicen y se ha visto por experiencia el sapo tiene una piedra en la cabeza que es de gran virtud para las calenturas y otras enfermedades”.

            Otra razón que aduce el abogado defensor para que no sea condenada es su condición de “muy buena cristiana temerosa de Dios y de su conciencia, mujer virtuosa y recogida, enemiga de supersticiones y hechicerías, que siempre las ha abominado y que cuando en su presencia se ha tratado de ellas ha dicho que son engaños y cosas de gente apartada de Dios y de su santa fe por lo que una persona así “no se puede presumir que hubiese cometido delito de hechicería”.

            En cuanto al castigo la defensa solicita que no se le aplique el tormento ya que su intención fue la de curar unas calenturas sin que tuviera trato con el demonio por lo que no se le puede considerar hechicera que son “las que tienen pena de muerte y no las demás que tienen pena de azotes” y si le dieran tormento sería mayor la pena.

            El fallo del Juez Eclesiástico fue “que debo amonestar y amonesto a Isabel García que de aquí adelante viva fiel y cristianamente, no creyendo ni usando de hechicerías que es negocio contra lo que tiene ordenado nuestra madre la Santa Iglesia so pena que si lo usare y ejecutare será castigada con todo rigor del derecho y habida y tenida por pública hechicera y que teniendo atención a su mucha pobreza y necesidad y a la cárcel”, en la que ha estado ya algunos días, “la condeno en que asista de pie a una misa en la iglesia que quisiere y en ella esté con su manto en pie rezando el rosario de Ntra. Sra. suplicando a Dios la alumbre su entendimiento por no caer en semejantes errores con intercesión de la Virgen Ntra. Sra”.

           

                                                           Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Guadix

                                                           Autor: José Rivera Tubilla

Juve Music 2008

May 29th, 2008

Video promocional para el 1er JUVE MUSIC en Guadix

httpv://youtube.com/watch?v=3cheoLJLwEU

Sine Nomine en el Certamen Nacional Rivas en canto

May 28th, 2008

La Camerata Coral Sine Nomine de Guadix (Granada) participó en el Primer Certamen Nacional de Coros Rivas en canto en Madrid bajo la dirección de José Pablo Serrano

httpv://youtube.com/watch?v=RUQ6EaP_VNs

+ info en: www.cameratasinenomine.org  

1er Juve Music de Guadix (Granada)

May 27th, 2008

http://www.padrenuestro.net/juvemusic - SÁBADO 7 DE JUNIO A LAS 21.OO EN GUADIX - Primer encuentro JUVE MUSIC con los grupos: Odres Nuevos de Granada, Grupo Jerusalén de Málaga y Luis Guitarra de Madrid - El encuentro tendrá lugar el próximo 7 de Junio en el Palacio de Villalegre de Guadix (Granada) a las 21.oo horas - + información en: http://www.padrenuestro.net & http://www.elaccitano.com 

Enfrentamiento entre el Corregidor de Guadix y el Obispo por querer introducir innovaciones en el protocolo cuando asistía a los oficios divinos de la Catedral

May 26th, 2008

           

            Interior Catedral de Guadix

Corría el año de 1638 cuando era corregidor de la ciudad de Guadix D. Fernando de Vallejo y Pantoja, Caballero del Hábito de Santiago, y obispo de la diócesis D. Juan Dionisio Fernández Portocarrero. Eran tiempos en que se producían interferencias entre el poder político y religioso, tiempos en que se buscaban ocasiones para medir quién era más importante en la ciudad, el corregidor o el obispo. Este es el marco de referencia para poder entender la causa del enfrentamiento entre la máxima autoridad civil y eclesiástica.

            Sucedió que el Corregidor de esta ciudad quiso ir a la catedral para asistir a los oficios divinos del 2º día de Pascua de Navidad y para ello envió con su esclavo una silla y un cojín grande de terciopelo morado y los colocó en la capilla mayor al lado de la epístola, donde de ordinario se sientan los corregidores, con la intención de que quedaran permanentemente en la catedral para utilizarlos cada vez que asistiera a los oficios divinos. Cuando el Maestro de Ceremonias vio esto le extrañó mucho y se lo comunicó  tanto al Sr. Obispo como a los Canónigos. Por medio de él se le envió un recado al Corregidor advirtiéndole que no era costumbre de sus antecesores traer a la catedral silla y cojín por lo que no debía introducir innovaciones. El recado le llegó al Corregidor y este reaccionó diciendo públicamente y jactándose que iría a la catedral, pesara  a quien pesara, no sólo con cojín sino además con un tapete, aunque para ello fuera necesario sacar a las dos compañías de esta ciudad y cercar la catedral, porque representaba al rey y que por eso cuando fuera a la catedral debía llevar silla, tapete y almohada y que si no era así no iría y que tomaría por norma no asistir a los oficios divinos.           

            Ante esta actitud se le respondió desde el Cabildo diciéndole que los corregidores que le habían precedido en el cargo no habían hecho tal cosa por lo que le rogaban que se documentara y que no les parecía mal que hasta que no conociera esta información dejara de ir a la catedral. Así lo hizo escribiendo al Consejo Real para saber si disfrutaba del privilegio de poder llevar cojín a la catedral por ser el Corregidor de la ciudad.

            El Vicario solicitó información de Canónigos de la catedral, entre los que se encontraba el Arcediano y dramaturgo accitano  Mira de Amescua, y algunos vecinos mayores, para que dieran su testimonio sobre lo que acostumbraban a llevar los corregidores que le habían precedido en el cargo cuando iban a la catedral.

            Todos los testimonios daban por cierto que cuando éstos iban a la catedral sólo llevaban una silla para sentarse y nunca llevaron cojín para arrodillarse o poner los pies cuando estaban sentados y que si a este Corregidor se le concediera el privilegio de poner cojín en la capilla mayor de la catedral, utilizando la violencia, habría muchos alborotos y pesadumbres entre los Canónigos, además sería desproporcionado que éstos, estando en mejor lugar,  estuvieran con los pies en el suelo sobre las losas y el Corregidor más abajo con cojín en los pies. 

            Los que aportaron su testimonio sobre este tema dijeron que habían conocido a los corregidores que había tenido esta ciudad  desde Lázaro de Quiñones, D. Per Afán de Rivera, tío del duque de Alcalá, D. Luís Carrillo de Mendoza, tío del Marqués de Priego, D. Juan de Mendoza de la casa del duque del Infantado, D. Antº de Bohórquez Marqués de los Trujillos, D. Alonso de Loaisa Mesía conde del Arco, D. Luis Manrique de Lara del hábito de Santiago, D. Juan Pizarro de Aragón, D. Luís Gudiel Manuel, D. Pedro de Córdova, D. Pedro de Ayala,  D. Pedro Gómez de Cárdenas, D. Jerónimo de Sanvítores de la Portilla  y otros caballeros y a ninguno se les vio tener ni poner en el suelo de la catedral cojín ni tapete sino sólo una silla, aunque los vieron asistir a los oficios divinos infinitas veces. Hubo quien dijo que hasta él habían llegado noticias que  en las catedrales de Granada y Almería los corregidores sólo llevaban silla y que en la de Almería, que era de este Corregimiento, no le consentían al Corregidor ni siquiera silla, porque a uno que la llevó el Sr. Obispo ordenó que se quitara y nunca más se puso. En la catedral de Almería los corregidores se sentaban en un banco situado en la Capilla Mayor.  

            El Arcediano accitano Mira de Amescua sabía, por lo que había visto y le habían contado, que el Corregidor cuando venía a la catedral a los oficios divinos a nivel particular sólo traía una silla de espaldar que colocaba en la capilla mayor  junto al “pulpitillo” de la epístola, pero cuando venía con el Ayuntamiento a actos públicos se sentaba, como los demás Regidores, en el primer puesto de la derecha, mirando hacia el altar mayor, de unos bancos de nogal con sus forros de terciopelo que el Cabildo colocaba en el arco que está inmediato al coro en medio de la catedral y nunca el Corregidor traía silla, tapete ni almohada.

            Esto pasaba con D. Pedro Miranda Salón que fue el primero de quien puede atestiguarlo, porque tenía gran amistad con un hijo suyo y con su sucesor D. Félix Nieto de Silva con quien también tuvo particular amistad por tenerla con su hijo y con D. Fernando de Pulgar. Él nunca vio que entraran cojín ni tapete en la iglesia siendo así que todos habían sido caballeros con mucho pundonor y atentos.

            En tiempos de estos corregidores todos los caballeros usaban “calzas atadas” con media entera y normalmente les acompañaba un criado o paje que traía una almohadilla muy pequeña y cuando entraban en la iglesia el paje la ponía a sus pies para que se hincaran y una vez que acababan de hacer oración o de oír misa el paje la retiraba y se la llevaba debajo del brazo y esto lo hacían los caballeros principales de la ciudad y los corregidores cuando usaban las calzas atadas, pero después de estos corregidores cesó esta costumbre y ya no ponían en la capilla mayor ni cojín ni tapete y las almohadillas las usaban no por autoridad ni preeminencia sino por la incomodidad de hincar las rodillas en el suelo trayendo las “calzas” ajustadas. 

           

            Después que el esclavo del Corregidor dejó la silla con cojín y tapete en la catedral, mandó el Sr. Obispo que quitaran el cojín antes de que dieran comienzo los oficios divinos dejando solamente la silla hasta que acabó la misa sin que asistiera el Corregidor, además el Provisor por medio de autos ordenó se le amonestara y notificara que no introdujera innovaciones de traer almohada ni tapete a la catedral bajo pena de excomunión mayor y 500 ducados aplicados para las guerras que el rey hacía contra los infieles y que en caso de no cumplir con lo mandado se consideraría condenado y que si tuviera alguna razón para cambiar lo que era costumbre que hiciera las alegaciones oportunas y se le oiría y administraría justicia.

 

                        Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Guadix

                        Autor:   José Rivera Tubilla 

Blog de José Rivera Tubilla

May 25th, 2008

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